Información Recopilada

En esta sección encontrará explicación e información sobre algunos de los diferentes fenómenos paranormales más conocidos. Hace click para conocerlos.
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Parapsicología

Para poder definir claramente el Potencial Parapsicológico, vamos a comenzar por el principio: El “todo París” de la época de Luis XVI se precipitaba hacia la casa de Mesmer para ponerse alrededor de la célebre tina que vemos en el grabado, y hacerse magnetizar.
Podemos situar el nacimiento de la investigación de los fenómenos hoy llamados parapsicológicos o extrasensoriales con los estudios que el médico Friedrich Franz Anton Mesmer (1733-1815), nacido en Alemania, realizó sobre lo que él llamó magnetismo animal y su aplicación a la medicina. Para Mesmer, el magnetismo animal consistía en un fluido que llenaba todo el Universo y que circulaba, también, en el hombre y en los animales y que algunas personas podían recibir o transmitir con fines terapéuticos.
El famoso científico -muy combatido en su época realizaba, fundamentalmente, dos tipos de experiencias: unas, introduciendo a una persona enferma en un recipiente con agua y haciendo, posteriormente, que un grupo de personas, dándose las manos, transmitieran su energía al agua a través de electrodos de metal; la otra forma consistía en “pases magnéticos” que él mismo realizaba sobre los enfermos con su propia energía. Si bien Mesmer logró algunos resultados, nunca fue aceptado por las academias científicas, que negaron su obra condenándolo al descrédito.
El magnetismo cae en desuso hasta que, en 1840, James Braid (1795-1860), médico inglés, realiza las primeras investigaciones científicas sobre el hipnotismo. Braid descubre que se puede lograr algunos de los efectos conseguidos por Mesmer mediante cansancio visual o, liza y llanamente, “sugestiones verbales”; los descubrimientos de Braid significan un golpe de gracia para el magnetismo animal pero primera vez, los fenómenos paranormales son aceptados como objeto de estudio por la ciencia.
Los fenómenos paranormales tendrán un auge espectacular a partir de 1848 cuando toman dominio público manifestaciones mediúmnicas ligadas a experiencias espiritistas. En marzo de 1848, en la casa de la familia Fox, en Hydesville (N. Y., EE.UU.) comienzan a manifestarse fenómenos como ruidos extraños (raps y tips), y algunos movimientos de objetos; a partir de esto, y de su atribución a espíritus del más allá, se desarrolla una gran actividad espiritista en los Estados Unidos; en Inglaterra y en Francia.
Hippolite León Denisar Rivail (Allan Kardec 1804-1869), un estudioso francés, será quien sistematice y codifique la doctrina espiritista ensayando una primera clasificación de los fenómenos que él atribuyó a los espíritus de los muertos.
Debido al “circo espiritista” desatado por toda Europa y Estados Unidos, se formaran, respecto a los fenómenos paranormales, dos bandos: los que creen y los que no creen, mientras que algunos científicos, como Faradayn, se manifestarán totalmente en contra de la existencia del los fenómenos paranormales reduciendo todo a “charlatanismo” y mala fe.
En 1870, William Crookes (1832-1919), un destacado químico y físico inglés, redacta un primer informe científico respecto a sus investigaciones con un famoso dotado llamado Daniel Douglas Home, que levitaba y manifestaba todos los otros fenómenos parapsicológicos.
Ese informe marca el comienzo de la parapsicología científica llamada, en ese momento, metapsíquica.
Han transcurrido casi cien años desde que Mesmer hasta Crookes y, en la actualidad solo un obcecado podría negar la existencia de los fenómenos parapsicológicos. Desde ese momento, se van a estudiar todos los fenómenos parapsicológicos en los grandes dotados (Home, Cook, Eusapia Paladino, etc.).

ALLAN KARDEC, PROFETA DEL ESPIRITISMO

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Hipólito León Rivail, más conocido por el nombre de Allan Kardec por él adoptado al convertirse en ferviente partidario del espiritismo, fue en sus primeros tiempos un escéptico furibundo que miraba con desprecio a quienes se reunían para comunicarse con los seres del más allá.
De resultas del éxito obtenido en la primera sesión espiritista celebrada en Hydesville, algunos entusiastas partidarios de la nueva religión abordaron el año siguiente el vapor Washington y llegaron a la ciudad alemana de Bremen, para dar a conocer sus experiencias, como si fueran vulgares misioneros.

Estalló entonces una epidemia que no tardó en extenderse por toda Europa. Pero en dos países tuvo mayor éxito la doctrina: Inglaterra y Francia, donde el espiritismo vería surgir pronto a su profeta número uno: Allan Kardec.

Había estudiado medicina con provecho

Su verdadero nombre era Hipólito León Rivail y había nacido el 3 de octubre de 1804 en la ciudad de Lyon, famosa por los numerosos santos, mistagogos, ocultistas y mártires que en ella han nacido. Aquí nacería también el discutido Monsieur Philippe, el mismo que sería llamado por Nicolás II a la corte de los zares y que debió abandonar para dar paso a otro sujeto no menos famoso: Rasputín.

El joven Hipólito estudió en la institución más acreditada de toda Europa, situadas a orillas del lago suizo de Neufchatel, que dirigía en aquellos tiempos el gran pedagogo Juan Enrique Pestalozzi. Hipólito era inteligente y muy buen estudiante. Aprendió varias lenguas al mismo tiempo y supo de la existencia del espiritismo llegado a Suiza.

Obtuvo en 1824 su titulo de doctor en medicina y regresó a Lyon dispuesto a abrir, en la rue de Sévres, un instituto de enseñanzas que regiría por el sistema Pestalozzi. Se casó con una mujer nueve años mayor que él e inició lo que podría calificarse de existencia monótona: daba cursos gratuitos de química, física, astronomía y anatomía. Es decir, nada de otro mundo. Y se dedicaba, en sus ratos libres, a escribir libros con la intención de liberar a los jóvenes de cualquier absurda superstición, contraria a la ciencia que pudiera encadenarlos a ella. Eran los tiempos en que había llegado a su fin el reinado napoleónico.

Decía en aquellos días Hipólito Rivail que la vida es una continua aplicación de la ciencia y que el estudioso reirá de la credulidad de los ignorantes; no creerá en fantasmas, y hará mofa de los espíritus. Así pensaba Rivail y, siguió haciéndolo muchos años más, hasta que en la primavera de 1854, habiendo cumplido 50 años cambiaron las cosas. Conoció a cierto Fortier, que se decía magnetizador y le enseñó la existencia de las mesas giratorias, que no sólo pueden moverse por sí solas, sino que saben a veces hablar: se las interroga y responden.

A Rivail no le agradaba que se burlasen de él. Aceptaría el fenómeno cuando lo viera con sus propios ojos. Por algo poseía una mente lúcida, científica. Una mesa es un objeto inanimado que carece de cerebro para pensar y nervios para sentir. Lo que Fortier deseaba mostrarle era un truco para engañar a las señoras ignorantes. No consiguió Fortier que Rivail presenciase una de las sesiones, pero logró algo muy importante: despertar su curiosidad. En Rivail coexistían dos seres distintos, como sucede en todos los humanos: un crédulo y un incrédulo, un científico y un místico insatisfecho que quiso estudiar el hipnotismo y lo rechazó finalmente, por considerarlo pura superstición.

Sin embargo, se avino a acudir a casa de cierta madame Rogers, una prestigiosa médiums local. Las personas que encontró actuaban con admirable seriedad al referirse a los espíritus. Lo invitaron a asistir a una velada espiritista en casa de otra médium, madame Plainemaison, donde sería testigo de una invocación y una prueba de escritura automática. Fue entonces que conoció las mesas giratorias.

El fenómeno le pareció cosa muy seria

Se reveló en él una nueva fe, en la que intentaría profundizar. Estuvo presente, a partir de entonces, en todas las veladas celebradas en casa de esta señora Plainemaison. Allí conoció a los esposos Baudin, que organizaban sesiones semanales. Rivail descubrió entonces cosas extraordinarias, increíbles, y comenzó a investigar el origen de los fenómenos. Una de sus primeras conclusiones fue que los espíritus venidos del más allá eran el alma de los seres humanos fallecidos.

Las veladas celebradas en casa de los Baudin resultarían demasiado sencillas para el médico metido a investigador de los fenómenos psíquicos. Por lo general, el espíritu llegado del más allá tenía que contestar preguntas estúpidas, como dónde se encontraría un objeto extraviado o saber con qué príncipe encantador se casarían las jovencitas Baudin. Si las manifestaciones espiritistas iban a seguir siendo tan prosaicas, más valdría olvidarse de las veladas para siempre. Sus amigos insistieron en que esperase un poco más. Tal vez se presentase un espíritu más de acuerdo con su intelecto superior. Y finalmente, llegó un día cierto espíritu que se hacía llamar Céfiro, que se declaró ángel guardián de Rivail y prometió revelarle grandes secretos.

Este Céfiro declaró entonces que había conocido a Rivail en una existencia anterior, cuando vivían los dos en las Galias y eran excelentes amigos. Hipólito León Rivail era en aquellos días un sacerdote druida y se llamaba Allan Kardec. Fue suficiente para que Rivail adoptase este nombre, y por él sería conocido a partir de entonces.

Las relaciones entre ambos y con los demás espíritus serían magníficas, casi de familia. Entre los seres inmateriales venidos del más allá a entablar conversaciones con Kardec, por conducto de la mesa, estaban nada menos que San Juan Evangelista, San Agustín, San Luis, San Vicente de Paúl, Sócrates, Platón, Benjamín Franklin y el filosofo sueco Swedenborg. Ahora que llegarían visitantes de tanta importancia, Kardec escribió diversos cuestionarios, dispuesto a recibir respuestas claras e ilustrativas. Los espíritus no solo dictaron su doctrina y sus ideas al entusiasta converso, sino que ejercieron también control y censura.

El 25 de marzo de 1858, siendo las diez de la mañana, Kardec oyó unos golpes en una pared de su casa. Su esposa Amelia lo oyó también a su regreso del mercado. En la siguiente velada espiritista, Kardec preguntó quien había golpeado la pared. Le contestaron que fue un espíritu familiar, que se encontraría a su lado a todas horas, sobre todo para corregir los textos que estaba escribiendo, plagados de errores.

Inicia con el pie derecho su carrera de escritor

Rivail-Kardec era un hombre inestable, Céfiro le había anunciado que debía crear una nueva religión, hermosa y grande, digna del Creador. Existían ya las bases. Solo faltaba que Allan Kardec iniciase la tarea. No tardo, gracias al apoyo de Céfiro, en aparecer publicada una síntesis de las respuestas llegadas del más allá. Era el Libro de los espíritus, que contenía los principios de la doctrina espiritista sobre la naturaleza de los seres del más allá, de sus manifestaciones y sus relaciones con los humanos, las leyes morales, la vida presente, la vida futura y el porvenir de la humanidad.

Era un volumen de 500 páginas impreso en dos columnas. En la izquierda estaban las preguntas hechas a los espíritus y a la derecha las respuestas. Ningún editor se había atrevido a publicar el libro, así que Kardec se arriesgó a hacer la edición por su cuenta. Resultó de ella un éxito a nivel nacional. El éxito de la obra se debió, en gran parte, al atractivo que ofrecía la doctrina de la reencarnación en un pueblo como era el francés, que en los últimos años había repudiado el pesimismo cristiano. También había intervenido la publicidad y la organización de los espiritistas. El libro se convirtió en una pieza litúrgica y mucha gente llegó a creer que, con solo tocarlo, se enriquecía su alma y se harían realidad sus esperanzas.

Después de aquel libro, Allan Kardec redactó un opúsculo, con la ayuda de los espíritus, al que tituló El espiritismo en su más simple expresión, que venía a ser un pequeño breviario del espiritismo. En todas las capas sociales se puso de moda adherirse a la nueva religión, ante el desconcierto del clero francés. Uno de los hombres que con mayor entusiasmo se dedicaron al espiritismo fue el escritor Víctor Hugo. Profundamente trastornado desde la muerte de su hija Leopoldina, conversaba con ella a diario, en su casa de Jersey. En una época en que Francia entera era anticlerical por sistema y republicana por virtud, las ideas de Kardec aportaban a los enemigos de Napoleón III un espíritu liberal y científico en grado sumo.

Por aquellos días, los espíritus anunciaron a Allan Kardec que le quedaban 10 años de vida. Debía terminar a tiempo su tarea. Fundó entonces una revista mensual, a la que llamó La revista espiritista, en las que aparecieron periódicamente las palabras pronunciadas desde el más allá por santos y filósofos. No contento con lo anterior, el promotor de la nueva fe fundó el 1° de abril de 1858 la Sociedad de Estudios Espiritistas. Otro cualquiera no hubiera recibido permiso de las autoridades, pero en el Gobierno miraban a Kardec con buenos ojos. Era un buen francés, respetuoso y patriota.

El movimiento espiritista parecía ahora oficina de negocios. La esposa de Kardec fue designada secretaria de la revista, además de archivista y lectora de recortes de periódicos. Mientras tanto, el marido seguía escribiendo. En 1861 apareció el Libro de los médiums y en 1864 apareció el Evangelio según el espiritismo. En 1868 vio la luz otra obra: El Génesis, los milagros y las predicciones según el espiritismo. Al mismo tiempo creaba una vasta red cuyo consejo supremo dirigía personalmente desde el número 59 de la rue Sainte-Anne, en París. Recorrió todo el país, realizando tareas proselitistas. En Lyon lo clamaron 30.000 discípulos suyos y en Burdeos lo llamaron “elegido de Dios”. Kardec se sentía feliz. Se aproximaba el plazo fijado por Céfiro y los demás espíritus, pero no le importaba. Estaba seguro de que su doctrina sería muy pronto universal y desplazarían a las otras, ya caducas.

No todos lo recibieron con aplausos

No todos fueron aplausos para Kardec. En ciertos lugares se burlaron de él y en otros prohibieron sus libros. Supo que un librero de Barcelona había pedido una partida grande de sus obras, pero fueron decomisadas por órdenes del obispo. Como si estuviera en los tiempos de Juana de Arco, acusó al autor de hereje y mandó quemar sus libros frente a la catedral, ante una enorme concurrencia que ignoramos si aplaudía o censuraba en silencio una acción estúpida.

Molesto por lo sucedido, Allan Kardec interrogó a sus espíritus consejeros. Le aconsejaron no preocuparse, pues del absurdo acto de fe resultarían más lectores de sus libros y más adeptos de sus ideas. Sus doctrinas se extenderían por todo el mundo. Nueve meses después del acto de fe moría el obispo de Barcelona. ¿Coincidencia o castigo del más allá? Pero lo más increíble de la muerte del prelado fue que, al ser convocado poco después el espíritu del obispo, confesó su crimen. Se mostró arrepentido de cuanto hizo y describió los castigos que suelen aplicar en el otro mundo. Decía que una voz horrible no dejaba de gritarle a todas horas –las horas suelen ser infinitamente más largas en el más allá- las siguientes palabras: “Quemaste las ideas y las ideas te quemarán!”.

Poco tiempo después moría Allan Kardec, no sin haber presenciado antes una lamentable escisión en el seno de sus seguidores inmediatos. El 31 de marzo de 1869 dejó de existir en su gabinete de trabajo. Tuvo tiempo de dar consignas a sus discípulos, entre los que figura al astrónomo Camilo Flammarion, autor del libro La muerte y sus misterios, en el que recogía las enseñanzas del maestro.

Aunque parezca difícil de creer, casi siglo y medio después de su muerte, el culto a Kardec sigue en pie y su sepultura es visitada todavía por numerosos simpatizantes de sus ideas. Y sus libros siguen siendo best-seller. Sus restos se hallan en el panteón del Pére Lachaise, al este de París, bajo un dolmen bretón erigido por sus discípulos.

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EL ENIGMA DE LA VISIÓN PARAÓPTICA

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¿Cuál era el origen de las prodigiosas facultades de la niña rusa, Rosa Kuleshova que, desde su tierna infancia, no sólo leia por el sistema Braille sin ser ciega, sino que también leía con los ojos vendados cualquier impreso corrriente? ¿De dónde provenía su capacidad de adivinar las imágenes de una fotografía cuando también se le habían vendado los ojos?

Durante algún tiempo estuvo de moda presentar ante las cámaras de televisión diversos personajes que podían realizar experiencias de carácter paranormal, para distracción de los televidentes cómodamente instalados en su casa. Desfilaron individuos conocidos -y que sabían cobrar por ello- como Úri Geller y otros. Y de vez en cuando se presentaban niños formando grupos, acompañando a una maestra que afirmaba lo siguiente: las criaturas poseían el don de la visión paraóptica. Una psicóloga de la escuela interesada en esta curiosa facultad les había enseñado a distinguir el color de los objetos y a leer frases enteras de un libro, los ojos vendados, con sólo pasar los dedos o la palma de la mano por encima. Mucha gente pensó al contemplar aquel hecho extraordinario que había en ello un truco, porque únicamente por los ojos es posible ver las cosas de este mundo.

Pero hay personas que opinan lo contrario. Son numerosas los científicos serios que han dedicado a estudiar este curioso fenómeno, que recibe el nombre de visión paraóptica.

Las noticias llegadas desde la China Popular

Recientes investigaciones realizadas por el Dr. Herschel Leibowitz, profesor de psicología en la universidad de Pennsylvania, le hicieron llegar a esta conclusión: lo seres humanos poseen dos clases de visión. Una permite verlo todo por medio de los ojos, de acuerdo con el espectro luminoso visual. Pero existen también una visión ambiental, más acentuada entre los ciegos, que les dice de manera inconsciente dónde se encuentran en relación con los objetos que les rodean. De esta manera pueden evitar los obstáculos en su camino. Pero existe una tercera visión, terminaba diciendo el Dr. Leibowitz, en la que parece intervenir simplemente la piel de los individuos.

En la primavera de 1979, la prensa china informó acerca de unos curiosos casos sucedidos en la provincia de Sechuán, en un lugar misterioso y casi sagrado donde se yergue la montaña de Amme Machin, que según afirman en la localidad supera en altura al Everest. Un periódico de Chengdu, capital de esta provincia meridional cercana al Tibet, que es atravesada por el río Yang Tse-Kiang, informó sobre una jovencita que podía leer por medio de sus orejas.

Acercaba una hoja impresa a cualquiera de sus orejas, como si estuviera hablando por teléfono, y le resultaba sencillo leer el texto. La noticia fue reproducida por la prensa de todo el país e incluso en el extranjero. A esta noticia hubo que añadir la de otro niño que poseía idéntica propiedad. Se descubrió entonces que otros niños sabían identificar el color de un papel con sólo olerlo. Y se dio a conocer el caso de dos hermanitas vecinas de Beijing, que poseían esta habilidad. Wang Bing y Wang Ginag, de 11 y 13 años, respectivamente, podían leer un texto colocándolo bajo la axila. Decían que lo veían muy claramente con la mente.

Una niña rusa fue la precursora

Pero muchos años antes de darse a la publicidad lo sucedido en china, la ciencia había estudiado ya el caso de Rosa Kuleshova, desde el año 1964. Había nacido Rosa en 1941 en la población de Nijni Taghil, en los montes Urales, y entre sus familiares se presentaron algunos enfermos de ceguera congénita.

A la edad de 22 años, Rosa sufrió un ataque de epilepsia y tuvo que ser conducida por sus padres al Instituto de Neurología de Moscú. El Dr. Issac Goldberg, quien estuvo a su cuidado, se enteró de que la joven había aprendido a leer en su niñez por el sistema Braille, a pesar de no ser ciega. Quiso Goldberg saber si era cierto y puso a prueba a Rosa. Se llevó una enorme sorpresa.

No sólo demostró la joven que podía leer con soltura el Braille, sino cualquier texto, aunque no hubiera sido impreso en relieve. Le bastaba con pasar por encima la yema de los dedos. El neurólogo realizó varias pruebas, en busca de un fraude. Nada halló. La joven obraba de buena fe. Por alguna razón que el Dr. Goldberg no terminaba de comprender, su paciente parecía leer a través de los poros y podía reconocer la forma de cualquier objeto o persona representada en una fotografía cuando tenía los ojos vendados.

¿Cómo explicar tan extraña facultad? ¿Era capaz de leer la joven por conducto de la piel, provista de células nerviosas muy sensibles, capaces de apreciar los diferentes tonos de luz que recibía la piel de su mano? ¿veía los objetos por conducto de la mente?.

No tardó en aparecer un émulo de Rosa Kuleshova , en su propia patria. Es muy posible que hubiera centenares de ellos en el mundo, pero desconocían la mayoría lo que le sucedía a Rosa, o tal vez pensaban los familiares que se trataba de algo que era preferible no dar a la publicidad. La otra joven se llamaba Tania Bikoskaia y sus increíbles facultades serían estudiadas por los psiquiatras del Instituto Médico de Kuban, bajo la dirección del Dr. Dyakonov. Confesó la joven que una noche, encontrándose acostada, deseó leer un libro y como sintiera pereza de levantarse de la cama para agarrarlo, pudo conocer su contenido sin tener el volumen en sus manos.

En casi todos los casos mencionados hubo un elemento común. En primer lugar, quienes poseían ese don de la visión paraóptica pertenecían al sexo femenino. Y habían sufrido, en su mayoría, ataques de epilepsia en algún momento de su existencia. Y es sabido que la epilepsia parece ser el resultado de un desequilibrio eléctrico y químico en el sistema nervioso, que actúa de manera incomprensible en los fenómenos de la mente.

Se conocen ejemplos anteriores al de Rosa

Cesare Lombrosso (1835-1909), famoso médico y criminalista italiano, autor de la teoría de que el criminal es tan sólo un enfermo que debe ser curado, estudió a fines del siglo pasado el caso de una muchacha de 14 años que se quedó ciega de resultas de un ataque de epilepsia. Pero, si perdió el sentido de la vista a través de sus ojos, lo adquirió por conducto de otras partes del cuerpo. Comprobó el Dr. Lombrosso que la joven veía por el lóbulo de ambas orejas también por la punta de la nariz. A continuación vendó los ojos a su paciente, para estar seguro de que no haría trampa. Después le pidió que caminara por sí sola. La joven pudo orientarse perfectamente, sin golpearse contra las paredes ni tirar objetos al suelo mientras caminaba.

Otro caso singular fue el de la niña Margaret Foss, también de 14 años, nacida en Ellerston, pueblecito del estado de Virginia. Decía el padre, empleado de los ferrocarriles, 1944, que cuando su hija jugaba a la gallina ciega, sus compañeras de juego la acusaban de hacer trampa, porque la veían evitar los obstáculos con facilidad y atrapaba a la niña que le venía en gana.

En enero de 1960, Margaret fue examinada por unos psiquiatras. Cubrieron los ojos de la muchacha con una venda y dieron comienzo las pruebas. Margaret demostró que podía leer sin necesidad de utilizar los ojos, lo mismo libros que revistas. Y recogía objetos que los médicos dejaban caer con toda intención y jugar al ajedrez sin ningún titubeo.

Se ignora si Margaret Foss sufrió alguna vez de epilepsia o de cualquier otra afección nerviosa que pudiera haber puesto de manifiesto sus increíbles poderes psíquicos. Pero en el caso de cierto niño estudiado por el Dr. Karl Konig, en 1956, no hubo dudas en cuanto a su mal. Este médico dirigía en Escocia la Escuela «Rudolf Steiner», cuyos alumnos tenían problemas de carácter psicofisiológico.

Este niño había ingresado en la escuela a la edad de cuatro años, siendo ya ciego. Se intentó estimular sus sentidos por medio de ejercicios. Al cabo de un tiempo, fue capaz de reaccionar a ciertos colores y de identificar los objetos con sólo pasar la mano por encima, sin necesidad de tocarlos.

Será preciso relatar ahora el increíble caso de Ved Mehta, un joven hindú que perdió la vista a la edad de tres años, de resultas de una meningitis. En 1957 solía correr en bicicleta por las calles de Calcuta, su ciudad natal, sin que nadie se echara las manos a la cabeza y gritase que aquello era una locura.

Cuando llegó a Estados Unidos, para estudiar en una universidad, no le permitieron repetir sus proezas. Pusieron en sus manos un bastón blanco, porque es lo que deben llevar los ciegos, le dijeron. Este joven decía que veía a través de todo su rostro, pero no sabía explicar por qué misteriosos mecanismos le sucedía tal cosa. Y ningún investigador del tema, ningún médico o psiquiatra, ningún parapsicólogo, pudo hacerlo, ni entonces ni ahora.

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